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Este mes en la Revista : “¿Cómo voy a ir al baño con esto puesto?”»
“¿Cómo voy a ir al baño con esto puesto?”»

Aunque no cumpla los 30 hasta el próximo octubre, Brianne Sidonie Desaulniers ya ha conseguido más de lo que muchas actrices conseguirán en toda su carrera.

Aunque no cumpla los 30 hasta el próximo octubre, Brianne Sidonie Desaulniers ya ha conseguido más de lo que muchas actrices conseguirán en toda su carrera. Hablamos de Brie Larson, por supuesto: un Óscar en febrero de 2016 por La habitación, reputación indie por películas como Las vidas de Grace y Aquí y ahora, y figurar como cabeza de cartel en blockbusters como Kong: La isla calavera. Y este mes, un paso más, hacia delante o más bien hacia arriba: Larson se calza el traje de Capitana Marvel para dar vida a la primera superheroína del Universo Cinematográfico de Marvel con película propia. Un personaje venido del espacio para rescatar a los maltrechos Vengadores en la futura Vengadores: Endgame y, de paso, liderar la próxima generación de filmes de la factoría de las ideas. «Oh, capitana, mi capitana.»

 

¿Qué sentiste la primera vez que te pusiste el traje de Capitana Marvel?

Mi primera reacción fue: «¿Voy a ser un personaje de Disneyland?» (risas). Luego, mi siguiente pensamiento fue: «¿Cómo voy a ir al baño con el traje puesto?». A día de hoy he oído que sí lo van a convertir en un personaje en Disneyland, pero todavía no he conseguido hacer pipí con el traje sin armar un lío (risas).

 

¿Y cómo llevaste tener que mantener el secretismo que suele exigir Marvel respecto a sus producciones? ¿Existe algo así como un campamento de entrenamiento para evitar spoilers?

No, no, aunque parezca lo contrario, no existe. Simplemente asumen que eres un adulto y que no vas a irte de la lengua. Salvo que seas como Mark Ruffalo o Tom Holland, ¡que no paran de hablar de más sin querer! (risas). En algunas ocasiones he estado presente mientras alguien contaba un spoiler y me ha generado mucha tensión, me salía mi lado más de empollona repipi, «no creo que debieras contar eso».

 

Has mencionado a Mark Ruffalo y Tom Holland, ¿cómo fue unirse a esa gran familia Marvel? Es un equipo de superhéroes, pero también un conjunto alucinante de actores.

Sin duda. Además he tenido la suerte de llegar en un momento increíble: al ser el décimo aniversario se hicieron muchas reuniones y fiestas de conmemoración. Todo el equipo de Vengadores fueron muy dulces y calurosos conmigo, y me transmitieron una energía muy hermosa, se notaba que estaban en familia y felices. Me di cuenta de que estaba en buenas manos.

 

Tu camino ha sido el inverso al habitual: primero filmaste Vengadores: Endgame con el resto de superhéroes y luego tu propia película contando los orígenes de tu personaje.

Exacto, y fue un poco extraño, no te voy a mentir. Pero, al mismo tiempo, creo que fue una experiencia muy enriquecedora porque comprendí enseguida que no estaba sola. Entre tomas pude hablar y preguntar cosas a mis compañeros, que ya habían hecho el camino que yo acababa de emprender. No traté de disimular en ningún momento que era la nueva chica en el grupo, sino todo lo contrario. Tenía muchísimas preguntas que solo ellos podían responderme: ¿Cuándo es mejor entrenar, antes o después de rodar? ¿Por la mañana, después de comer? ¿Es mejor no entrenar? ¿Qué puedes comer y qué no? ¿Cómo es actuar con el traje? Y lo más importante: ¿Cuántas hamburguesas puedes comer sin dejar de caber en el traje? Normalmente me cuido, pero no puedo resistirme a las hamburguesas.

 

Y, finalmente, ¿cómo te preparaste físicamente? En el filme luces en una forma física envidiable.

Eso espero, porque me pasé nueve meses entrenando duro. Y acabé haciendo casi todas las escenas de acción, algo que creo que se nota en pantalla. Durante los últimos tres meses se convirtió en un trabajo a tiempo completo, era lo único que hacía. Como mujer, muchas veces he sentido el peso de las miradas sobre mi cuerpo. No quería que mi físico fuera juzgado, me habría gustado que desapareciera. El entrenamiento de Capitana Marvel me ha cambiado esa percepción totalmente. Ahora sé que mi cuerpo es una herramienta increíble con la que puedo hacer muchas cosas. Antes me limitaba a mí misma, no usaba todo el potencial de esta carcasa que nos han dado. Ha sido un cambio importantísimo en mi vida. Es una apertura mental que te cambia la vida, por eso sigo haciendo judo y boxeo.

 

¿Y respecto a la comida? ¿Te saliste con la tuya con las hamburguesas?

Menos de lo que me hubiera gustado, pero sí (risas). También me aficioné mucho a la comida brasileña. Me encanta el pan con queso, el pão de queijo en portugués. Podía pasarme el día entero comiéndolo. Fue una revelación: «¿Pero cómo no conocía esto antes? ¡Todo el mundo debería probarlo! ». También me encanta la caipiriña, claro, me daba mucha energía, me iba muy bien (risas).

 

¿Has notado un cambio determinante en tu carrera desde que ganaste el Óscar con La habitación en 2015?

Es imposible decir que no. De hecho, creo que no habría conseguido Capitana Marvel si no fuera por la exposición que me dio la estatuilla. Creo que tampoco habría conseguido la financiación para hacer mi primera película como directora en las condiciones que yo quise. Es un honor y, a la vez, tiene mucho poder. En lo personal, sí que no me ha cambiado nada. Sigo siendo la misma, y cada nuevo proyecto me genera ansiedad. Por mucho reconocimiento que tenga, siempre voy a cuestionarme. Estoy hecho de esa pasta, y creo que eso está bien.

 

¿Y algunas vez te imaginaste como cabeza de cartel de una gran superproducción de acción?

Lo cierto es que de pequeña soñaba con salir en Star Trek, con participar en Star Wars o en Indiana Jones. Pero yo quería ser Indiana Jones, no su acompañante. Me encantan esos grandes blockbusters de aventuras, caía rendida bajo el influjo de su capacidad fabuladora. Sería un sueño si Capitana Marvel acaba teniendo ese papel en las futuras generaciones. El pasado Halloween, vi a una niña disfrazada de mi personaje, y fue un momento muy surrealista, muy poderoso. Muchas veces haces una película y, cuando ya llega al público, sientes una desconexión. Me encantaría poder acompañar el filme en cada proyección, pero es imposible, notas como si se alejara de ti… Así que esos momentos de conexión, de ver de primera mano la influencia que ha tenido en el público, son muy profundos.