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Este mes en la Revista : «Mi patriotismo es la España de Lorca»
«Mi patriotismo es la España de Lorca»

A sus 50 y tantos años, y con una no muy lejana cornada en el cuerpo, a modo de infarto, Antonio tiene un aire irredento de jovencillo mediterráneo; un brillo de curiosidad en los ojos y una actitud nerviosa en los gestos propia de los sobrados de energía, también de la gente alegre.

A sus 50 y tantos años, y con una no muy lejana cornada en el cuerpo, a modo de infarto, Antonio tiene un aire irredento de jovencillo mediterráneo; un brillo de curiosidad en los ojos y una actitud nerviosa en los gestos propia de los sobrados de energía, también de la gente alegre. Está a punto de cumplir tres décadas en Hollywood, pero Banderas vuelve ahora al lado de Pedro Almodóvar, con quien ha conocido la gloria, pero también ha compartido el dolor. Quizá por eso, a través del protagonista de Dolor y gloria, Almodóvar nos regala su gran confesión y Antonio compone el papel de toda una vida; generoso, sutil, hondo. Encuentro vital con un verdadero patriota.  

 

Algunos entendíamos que La piel que habito podría ser el broche a tu carrera junto con Almodóvar. Sin embargo, aquí estamos con una película que puede ser perfectamente vuestra mejor colaboración; una, además, sorprendentemente personal. ¿Cómo llegasteis hasta Dolor y gloria?

Estoy todavía en periodo de asimilar lo que ha sido para mí este filme. El guion me llegó el mismo año que rodamos La piel que habito. Cuando lo leí me encantó, y llamé inmediatamente a Pedro para decirle que quería ese papel. Pero lo cierto es que entre La piel que habito y el comienzo del rodaje me pasaron muchas cosas, y de repente en ese guion había muchas posibilidades de que yo las expresara. Son cosas que tienen que ver con el dolor, y con mi propia experiencia de haber sufrido un ataque al corazón y haber sentido mi propia vulnerabilidad. Darte cuenta de que estás cerca de los 60 años y de que la presencia de la muerte está ahí. Un par de días después del 25 de enero de 2017, que es cuando yo sufrí el infarto, una enfermera ya mayorcita, se acercó y me dijo que iba a estar muy triste. «¿Deprimido? », le pregunté yo. Y ella me dijo que deprimido no, sino triste. La tristeza que uno siente ante la soledad y cuando recuerda que la muerte existe. De esos días yo he sacado mucho para interpretar el personaje de esta película, porque esa soledad y tristeza la había visto en Pedro.

 

Es decir, que aunque en el personaje del filme hay muchísimo de Pedro, ya que es un trabajo de evidente perfil autobiográfico, también hay mucho de ti. Algo que te puede haber servido para evitar lo más temido en estos casos, que es caer en la imitación.

Claro. Pedro en esta película me pide un viaje atrás en el tiempo, a nuestros años ochenta. Desde el primer momento, obviamente, he visto cosas en el personaje que son muy de Pedro, pero también otras que nos han ocurrido a ambos tras casi cuarenta años como amigos y de vivencias comunes. Por otro lado, Pedro recrea muchas imágenes de la parte más externa de su vida privada: su ropa, su casa que casi está reproducida con exactitud, su pelo. En cualquier caso, yo renuncié a hacer una imitación, eso lo hubiera hecho mucho mejor que yo José Mota. Entendí desde el primer momento que no podía ser Pedro Almodóvar. Pero también que tenía que entenderle y ayudarle.

 

¿Ayudarle por qué?

Porque es muy grande el significado emocional que tiene para Pedro esta cinta. Es muy honesto lo que él hace y la forma tan directa en la que aquí se expone. Hay una escena, como habrás visto, en la que mi personaje está sentado en el banco con su madre, y él le rinde cuentas y le pide perdón por no haber sido el hijo que ella hubiera deseado. Te diré que Pedro, que suele ensayar siempre las escenas con nosotros poniendo voz al texto, en este caso, no pudo hacerlo porque las dos veces que lo intentó se le quebró la voz. Yo entonces le abracé y supe que tenía la gran responsabilidad de ayudarlo a mostrarse a los demás a través de mi personaje.

 

La película no cuenta la vida de Pedro Almodóvar, pero sí su proceso creativo ¿Es realmente así de tormentoso?

Lo es, así de tormentoso y solitario. Es de una soledad sincera, sin embargo. La lealtad de Pedro a su propia soledad y a su propio yo artístico no la he conocido en nadie. Ha tenido momentos de mucha incomprensión y ha sufrido mucho. También te digo que a medida que avanzaba esta película he notado ese alivio, he visto un Pedro que yo no veía casi desde los ochenta. Él también ha soltado lastre, sus piedras en la mochila. El otro día yo no pude acudir a los premios Goya, pero los vi por televisión, y cuando salió Pedro pensé que hacía tiempo que no le veía tan sonriente y cachondo. Desde luego, el Pedro de La piel que habito en nada se parece a este. Y eso tiene que ver con este filme. En Dolor y gloria hay una gran diferencia con el Pedro más barroco. Hay algo muy directo y austero, no hay maniqueísmos ni trucos. Creo que está todo Pedro ahí, mostrándose sin ningún tipo de trampa. Es muy honesto.

 

A mí me llama la atención la capacidad que sigue teniendo Almodóvar para cuestionar la moralidad y poner a espectadores muy distintos ante narraciones incómodas. Pero, si hablamos de la irreverencia y la transgresión, me gustaría preguntarte por la censura. Parece que haya un resurgir censor en muchos ámbitos incluido el del arte.

Pues sí, hay censura. Y también autocensura. Existe a muchos niveles, y en algunos casos es muy sorprendente. Me explico: históricamente, hemos sabido qué piensan y qué pretenden ciertos grupos políticos, pero ahora ha surgido un puritanismo laico que es muy difícil de entender. Yo lo he hablado con Pedro hace muy poco, buena parte de lo que hicimos juntos ya no lo podríamos hacer hoy en día. Hay películas por las que nos matarían y nos llevarían a la hoguera. En la actualidad, es difícil explicar que aquello era una forma libre de reflexionar sobre el amor. Estoy pensando ahora mismo en Átame. Hay que ser muy cerrado para pensar que estábamos invitando al rapto amoroso, pero alguno hoy lo pensaría. Desde luego, yo no voy a dejar de pensar que trabajo para gente inteligente. No hay que tratar a los espectadores como si no supieran discernir el bien del mal, o la realidad de la ficción. Por otro lado, con lo políticamente correcto, en Hollywood, donde la cosa se ha puesto durísima, se llega a situaciones que empiezan a rozar el absurdo. Casi parece que hay que tener cuidado si uno se enamora, y que para acercarse a alguien por primera vez es mejor llamar a su abogado para concertar una cita para cenar. No se puede vivir contra la pared, todos mirando a ver quién mueve la ficha. Desde luego, un abuso es un abuso y hay que ser inmisericorde en cualquiera de sus formas; y saber también que se puede abusar de muchas formas y que hay que luchar contra todas ellas. No obstante, todo esto se puede hacer sin pasarnos de frenada.

 

Otro debate ahora es el de la denominada apropiación cultural. Me imagino que habrás conocido a Rosalía, en quien se han focalizado las críticas en España, por su aproximación al flamenco y al mundo gitano.

Mira, yo he descubierto que no soy tan viejo como creía porque me enamoré de Rosalía cuando la conocí, comiendo el otro día una paella en la casa de Pedro. Pero oye, esto es una erupción de juventud tardía (risas), no me lo tomes en serio que yo podría ser el padre de esa chica. La cuestión es que no solo me enamoré porque es mona y talentosa, sino porque tiene un aire que explica lo que ella ya significa en nuestra cultura musical. Rosalía tiene pureza. Y el problema es cuando la gente abandona su pureza real, para convertirse en una pureza extraña, para fingir. Pero Rosalía es fiel a su pureza, que ella no quiere ganar la lámpara minera. Ella canta desde el mestizaje en el que se ha criado, que, por otra parte, es propio del mundo en el que vivimos. Ella es leal al rap, al flamenco… y a otras muchas cosas que son su mundo. Por qué cojones vamos a obligar a esta niña a cantar o no cantar de una forma, cuando esa es la pureza —mestiza— que tiene en su corazón. A mí me gusta escuchar más que a nadie a los gitanos en su pureza y me gusta también esa pureza mestiza de Rosalía.

 

Te quiero preguntar por la cultura española. A muchos nos parece que una parte fundamental en tu obra es aquel discurso que pronunciaste al recibir el Goya de Honor. Era un momento de mucho pesimismo para el país, y de mucho malestar en tu gremio, y tú instabas a no decaer y a volver a los grandes clásicos para encontrarnos.

Eso es fundamental. Yo creía que de mi discurso la gente solo se acordaría de la segunda parte, la más íntima, cuando se lo dedico a mi hija y digo que empieza la segunda parte del partido de mi vida, pero lo cierto es que, en realidad, yo quería que la gente se acordara de eso que tú mencionas. Yo dije eso porque creía que había una crisis de identidad en el país, y que además la gente estaba desperdiciando sus fuerzas, pendiente de nimiedades televisivas, cuando de esa genealogía de artistas, si la exprimimos, obtenemos el jugo de la verdadera España, de la que merece la pena. Mi patriotismo es la España de Lorca, de Falla o Cervantes, el de nuestras raíces artísticas. Hay que ir a ellos sin ningún tipo de complejos, leerlos, escucharlos… ahí está lo que somos. Y te diré una cosa, Almodóvar es uno de ellos. Yo sé que he tenido la suerte de toparme con uno de ellos. La gente dentro muchos años dirá que hubo un cineasta que contó una época de España y la definió artísticamente, porque Almodóvar nos dice lo que somos. Haber estado ahí, para mí es un gran orgullo.

 

POR CURRO JEFFERSON