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Este mes en la Revista : YESTERDAY
YESTERDAY

I believe in yesterday

A mitad de camino entre la fábula mágica y la comedia romántica, Yesterday —que plantea un mundo en el que los Beatles no existieron— arroja luz y un contexto totalmente nuevo a algunas de las composiciones más famosas de todos los tiempos, a la vez que resalta su importancia en una sociedad que ha pasado por alto y dado por asumido su sentido de la maravilla. En los momentos musicales de la película, Danny Boyle desnuda las actuaciones del joven Jack Malik —el debutante Himesh Patel— entregando momentos de auténtica pureza cinematográfica y de una sinceridad que se ve pocas veces en las pantallas actuales. Son momentos donde la música de los Fab Four vuela por sí misma, donde se nos presenta su verdadero valor como inspiración y como legado a la humanidad. Los números musicales, así, son despojados de casi cualquier tipo de artificio, y son la voz y el carisma natural de Patel los encargados de transmitirlos para una nueva generación. El cineasta británico diferencia la autenticidad de la música de la membrana artificial que la rodea: mientras las actuaciones apenas cuentan con una puesta en escena unplugged, casi desnuda, las hazañas hacia la fama del pobre Jack están rodadas de manera hipermediatizada, como si se tratase de un reality donde la ironía posmoderna afl ora en fi guras como la de la representante interpretada por una Kate McKinnon siempre al borde de la locura cómica. Bajo su disfraz de «película de buen rollo», Yesterday encierra un caramelo envenenado sobre nuestro presente en un mundo en constante cambio de valores, las ansias de fama, la mercantilización del talento y las propias expectativas vitales. La fina ironía de un excelente guionista como es Richard Curtis permite que el filme vaya mucho más allá de su premisa inicial y que el espectador, además de salir con una sonrisa bonachona, pueda llegar a plantearse e imaginarse si otro mundo acaso es posible. ROBERTO MORATO